lunes, 18 de julio de 2011

Rubalcaba: escuchar, hacer, explicar…

Pur Rubalcaba

Editorial - EL PERIÓDICO - 10 de juliol del 2011     

Després d'anunciar que abandonava el Govern quan tocava -el dia abans de ser entronitzat candidat socialista-, Alfredo Pérez Rubalcaba va fer ahir el seu primer discurs com a aspirant a la Moncloa. Una hora sense mirar ni un paper, amb una oratòria senzilla i eficaç, amb les bromes i les ironies justes, Rubalcaba va complir perfectament el lema Escoltar, fer, explicar. Tot i la debilitat expressiva dels infinitius, l'eslògan satisfà l'objectiu que pretén aconseguir el PSOE per intentar revertir el corrent que amenaça de sepultar-lo: escoltar la gent de qui s'ha allunyat, fer coses i propostes, i explicar-les als que no les entenen.

En l'explicació, Rubalcaba és un mestre. Va centrar el seu discurs en quatre objectius: el més urgent (crear ocupació), el més important (canviar l'economia per innovar i fer-la sana i competitiva), «el que és nostre» (defensar l'Estat del benestar i la igualtat d'oportunitats) i «el que ens demanen» (acostar la política a la gent, fer-la més democràtica).

El discurs representa un gir cap a l'esquerra, sobretot per la seva proposta que els bancs dediquin part dels seus beneficis a la creació d'ocupació, pel retorn de l'impost del patrimoni per a les grans fortunes i pels seus gestos cap al 15-M (reforma de la llei electoral pel sistema alemany mixt). Encara que no es va oblidar de dir que el seu programa serà ambiciós, però realista, ni de defensar l'euro i la necessitat imperiosa de prendre les mesures d'ajust que el Govern de Zapatero ha pres. Les quatre idees principals de l'inici del seu discurs van ser austeritat, esforç, justícia i igualtat. En les paraules de Rubalcaba s'hi podien apreciar, malgrat l'abisme ideològic, alguns tocs sarkozystes, referència a les propostes de Sarkozy sobre la cultura de l'esforç, la denúncia dels paradisos fiscals o la taxa sobre les transaccions financeres. També la idea que la política ha de prevaler sobre l'economia, que no pot estar a mercè dels mercats.

La impressió és que Rubalcaba pot reanimar el vot socialista i que serà un bon candidat, segurament el millor dels possibles al PSOE. Però la incògnita és si amb això n'hi haurà prou per impedir la cantada per tothom victòria del PP en les generals.


Un nuevo Rubalcaba humanizado

El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí evalúa la imagen y el lema del candidato socialista

Antoni Gutiérrez-Rubí - EL PAÍS - 7 JUL 2011  

El experto en comunicación y consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí evalúa la imagen y el lema con los que Alfredo Pérez Rubalcaba se presentará el sábado como candidato socialista a las próximas elecciones generales.

Sobre el lema

- No es una propuesta ideológica o programática... es actitudinal. Es una manera de hacer política. Casi una manera de ser. Creo que es un buen inicio.

- El principal reproche de la sociedad española a la política es la prepotencia y la distancia.

- Creo que acierta con el tono. Empezar con humildad (escuchar), comprometerse en acción política, en resolver problemas (hacer) y transformar la acción en pedagogía, explicando el por qué, el cómo, con quién, cuándo y dónde (explicar).

Sobre la gráfica

- Abrir un paréntesis (con los tres ideas, ¡tres verbos!) es una manera de "iniciar" un proceso... y el paréntesis no está cerrado... todavía.

- La ausencia de la marca PSOE (el cuadrado) se compensa con una gama cromática corporativa muy socialista: negros, grises, blancos, rojos.

- La fotografía es muy reveladora: sin retoques ("al natural", "tal como soy", "sin maquillaje"...) que favorece una percepción de autenticidad con el lema. Es coherente.

- No está hablando... está escuchando. Gran acierto.

- Hay algo de timidez, socarronería (taparse la boca, casi mordisquear los puños), muy propio de la personalidad de Rubalcaba

- Es una foto para gustar y gustarse. Como para presentar un "nuevo" Rubalcaba. Humanizado.

- La tipografía del nombre RUBALCABA, con la separación entre letras le da un aire clásico, de corte presidencial. Adecuado.

El conjunto va a dar que hablar... y eso es una cierto adicional. Notoriedad, sorpresa, innovación.

La química de Rubalcaba

Antoni Gutiérrez-Rubí - EL PERIÓDICO -10.07.2011

El acto de ayer no fue estrictamente un mitin; tampoco una conferencia o una intervención parlamentaria. Vimos una clase. Rubalcaba, en otra época ministro de Educación y Ciencia, mostró una de sus principales cualidades y debilidades: la pedagogía política. Ejerció de profesor, más que de candidato.

Alfredo Pérez Rubalcaba es químico de formación. Conoce bien las reglas de la acción-reacción. Y sabe de la vulnerabilidad de los estados de ánimo. Comprende que, sin moral de combate, no hay victoria soñada; que sin esperanza no hay retos, solo resignación. La primera zancada de su complicada carrera electoral ha sido la reagrupación política (todas las familias y generaciones socialistas juntas) y el rearme emocional de militantes y electores. Su discurso no fue para los ciudadanos, ni tampoco para España (de la que no citó, ni una sola vez, su realidad plural o autonómica, por ejemplo). Habló solo para los socialistas.

El acto fue medido y más profesional que nunca. Sin banderitas, sin sintonía electoral clásica y sin el logotipo del partido, buscando el escenario natural para ofrecer una imagen presidencial y personal, los únicos espacios donde Rubalcaba saca una gran ventaja a Rajoy. Que pareciera sobrio, austero y sencillo es tremendamente complicado. Rubalcaba ha llevado, hasta ahora, la iniciativa durante toda la semana con su nueva imagen en internet, con el anuncio de su salida del Gobierno y con la expectativa creada sobre su discurso de ayer. Y ya ha ganado una primera batalla, la de la marca R, la letra que comparte con su rival, Rajoy. Los acrónimos son muy importantes en comunicación política. Lo sabemos bien desde JFK y lo hemos vivido con ZP.

La R es su símbolo en el vídeo promocional. Todos los adjetivos que le definen empiezan con esta letra: racional, rápido, realista, receptivo, reformista, relajado, renovador, resistente, responsable, riguroso, risueño…, entre otros. Pero las elecciones no se ganarán con ocurrencias, aunque sean inteligentes, sino con soluciones y confianza. Va de Resultados.

Rubalcaba ha empezado la carrera con buen pie. La distancia que le lleva el rival es extraordinaria. Y él corre con las zapatillas de Zapatero y de su gestión compartida, también de su pasado. Pero Rajoy ya puede empezar a verle a lo lejos. Y, si se obsesiona en girarse constantemente, puede tropezar. Veremos quién gana: si el sutil Alfredo Pérez Rubalcaba o la eficacia electoral del PP. Si la persona o el partido. Si la química o la física.

Acentos diferenciados

Si Rubalcaba y Rajoy detallan sus propuestas, contribuirán a fortalecer la pedagogía democrática

EMILIO ONTIVEROS - EL PAÍS - 10/07/2011

Nunca un candidato a presidente del Gobierno había tenido tan difícil presentar una oferta de política económica suficientemente diferenciada del Gobierno al que pertenece. La dificultad era aún mayor si se tiene en cuenta que desde hace poco más de un año el Gobierno español mantiene una política presupuestaria manifiestamente contractiva, de acuerdo con las orientaciones que la Comisión Europea estableció como respuesta a la grave crisis de la deuda soberana en la eurozona. El margen que tiene Alfredo Pérez Rubalcaba para el estímulo es nulo. La economía española apenas crece. La habitual tracción de la demanda interna hace meses que fue sustituida por la exterior: haciendo de la necesidad virtud, algunos empresarios españoles han intensificado sus decisiones de comercialización en el exterior, sacrificando márgenes en no pocos casos. La demanda exterior de servicios, en particular de turismo, también está reflejando la vitalidad relativa de economías como la alemana y la francesa y, en todo caso, la desviación de flujos de turistas desde destinos hoy inmersos en una excepcional conflictividad geopolítica.

El resultado es una manifiesta reducción del tradicional déficit por cuenta corriente de la balanza de pagos hasta niveles desconocidos en los últimos años. Pero ese esfuerzo exportador es insuficiente para garantizar un crecimiento económico que reduzca el desempleo. El candidato Rubalcaba no podrá ofrecer a sus potenciales electores avance alguno a corto plazo en la corrección de ese desequilibrio desde que se inició la crisis por el Gobierno del que ha sido vicepresidente hasta ayer.

Tampoco podrá exhibir mejoras en la distribución de la renta y de la riqueza, principal referencia programática de lo partidos socialdemócratas. En estos últimos años no solo el PIB por habitante ha retrocedido de forma significativa, sino que de la mano de decisiones específicas, como el retroceso en la progresividad fiscal, las rentas mayores han aumentado su participación en la distribución. También la de la riqueza ha sido una distribución regresiva, a la que contribuyó la eliminación del impuesto sobre el patrimonio que Rubalcaba ahora pretende restaurar.

Desde bases tales, y disponiendo de un horizonte de crisis todavía largo, el candidato parece haber tratado de acentuar sus ofertas en componentes que signifiquen una menor desigual distribución de los efectos de la crisis y una corrección de inercias poco favorables en la política económica. La propuesta relativa a la imposición de una tasa sobre los beneficios bancarios o sobre el volumen de transacciones financieras apunta en esa dirección, en modo alguno original, de que sea la capacidad de maniobra de las entidades financieras la que contribuya en mayor medida. No es una iniciativa fácil de concertar. En primer lugar, porque su virtualidad dependerá de que se adopte, al menos, en el conjunto de espacios tan amplios como la propia UE. Al igual que con las decisiones tributarias, la imposición de cargas excesivas puede favorecer la deslocalización de actividades empresariales o los flujos en arbitraje.

Más importante si cabe que el establecimiento de cargas sobre el sistema bancario es procurar que la reestructuración en ciernes se complete adecuadamente, con el fin de que bancos y cajas restauren cuanto antes la canalización de flujos de crédito. Hace bien Rubalcaba en prever la posibilidad de aportación de dinero público y el consiguiente control de las entidades que lo reciban.

Es razonable asumir, como el candidato ha hecho, que la condición necesaria de todas sus propuestas sea la adecuación a los compromisos con las instituciones europeas y, desde luego, con esa dinámica de perfeccionamiento de la integración que se encuentra hoy más cuestionada que nunca. Desde el Pacto de Estabilidad hasta la necesaria intensificación de la coordinación fiscal es necesario que los candidatos a gobernar nuestro país asuman que la integración política es la única forma de restaurar la hoy muy dañada unificación monetaria.

La apuesta por la concertación como fundamento metodológico de aquellas decisiones como las relativas al mercado de trabajo constituye también un acento a valorar. La evidencia es suficiente acerca de la rentabilidad que esa disposición al entendimiento ofrece frente a la confrontación. Especialmente cuando las empresas lejos de haber concluido sus ajustes de empleo se verán obligadas a ensayar fórmulas más flexibles, como las de mayor intensidad del empleo a tiempo parcial, defendidas por el propio Rubalcaba. Una actitud tal no debería significar, sin embargo, la abdicación de las decisiones que en última instancia ha de adoptar un presidente del Gobierno.

Más que de izquierdistas, esos acentos diferenciales que Rubalcaba ha puesto en su discurso de aceptación -que no todavía en su programa económico- son más propios de una cierta pretensión regeneracionista. Esa es una vía quizás más necesaria que la convencional asignación entre políticas de derechas e izquierdas, difíciles de diferenciar en la gestión de la más grave crisis económica desde la Gran Depresión en el contexto de una unión monetaria. Reducir el desempleo, facilitar una mayor tasa de natalidad empresarial y una asignación de talentos a la asunción de riesgos, son tareas no solo necesarias para reducir el paro, sino para la necesaria modernización de la economía española. Si las señales que ahora envía Rubalcaba se traducen en propuestas más detalladas, y el candidato Rajoy hace lo propio, la campaña electoral podrá contribuir a fortalecer la necesaria pedagogía democrática.

La herencia de ZP y el desafío de R

Gonzalo López Alba - PÚBLICO - 10 jul 2011

Para elevar un santuario nuevo, hay que derribar un santuario, tal es la ley”, escribió Nietzsche. Y tal es la tensión que subyace en la transición por tiempos que vive el PSOE, que tuvo su punto de partida en el momento en que José Luis Rodríguez Zapatero anunció su renuncia al liderazgo, pero no habrá culminado hasta que los socialistas elijan a un nuevo secretario general –el cargo que lleva aparejado el auténtico bastón de mando en el PSOE–, un relevo cuya identidad dependerá en gran medida del resultado de las próximas elecciones generales.

Mientras que Zapatero intenta retener los cargos de presidente del Gobierno y secretario general del partido hasta el final de los correspondientes mandatos para los que fue elegido en 2008, Alfredo Pérez Rubalcaba se enfundó ayer el mono de sucesor y, para poder embutirse sin romper las costuras, ha tenido que quitarse el traje de ministro antes de lo que hubiera querido.

A la tensión connatural al intercambio de papeles entre quienes han sido el número uno y el número dos del poder socialista, se añade una versión inédita del tradicional problema freudiano de matar al padre castrador como forma de trascender al progenitor, pues en este caso es el padre el que ha de matar al hijo, y sometidos ambos a la vigilancia del abuelo: Felipe González, el auténtico Don de la familia socialista.

El puente Gobierno-PSOE

La prioridad de los pocos fieles que aún le quedan a Zapatero es preservar su mejor y más indiscutible legado, que es el de la primera legislatura: la extensión de los derechos sociales y de las libertades individuales. Por algo el PP tiene recurridas ante el Tribunal Constitucional dos de las leyes que simbolizan aquella etapa, la de reforma de la despenalización del aborto y la del matrimonio entre personas del mismo sexo, que puso fin a una de las más lacerantes injusticias de la historia de la Humanidad, que en España duró la friolera de 2005 años. Y por algo, a la espera de que ambas sentencias lleguen antes que las próximas elecciones generales, continúa bloqueada la renovación del Alto Tribunal.

La defensa de ese legado se ve entorpecida por la actitud de Zapatero, quien hace tiempo que ya no habla de derechos y libertades. Aunque sostenga que no ha habido “dos Zapateros”, sino “dos circunstancias”, el presidente está convencido de que su auténtico legado es haber “salvado a España” de la bancarrota económica con la política que, precisamente, ha hecho el gran roto al PSOE. Y, sin que pueda decirse aún que el país está a salvo de los depredadores del dinero, algunos estudios internos sitúan las expectativas electorales del PSOE en una horquilla tan amplia como demoledora: entre 145 diputados (24 de los escaños actuales en el alero de 19 provincias), en el escenario más favorable, y hasta por debajo de 100, según los cálculos más pesimistas.

Superar la discordancia de expectativas, la que media entre el discurso y la práctica, es el mayor desafío de Rubalcaba en la carrera que ahora emprende para ser él mismo. Siendo el candidato un eslabón natural entre las mejoras del Estado de bienestar que pilotó Felipe González y las que impulsó José Luis Rodríguez Zapatero, su discurso social goza del aval de ser el ADN del PSOE.

Pero quienes se han apresurado a establecer que el fracaso de Zapatero en su segundo mandato constituye el fracaso de una generación, olvidan que al llevarse por delante a gobernantes de todas las ideologías y países, la crisis tampoco ha reparado en edades. Es cierto que el presidente encarnó la generación del baby-boom de los sesenta, que se instaló en la felicidad y llegó a creer que, por mal que fueran las cosas, siempre irían a mejor y que cualquier crisis no pasaría de ser un accidente de recorrido. Pero también lo es que ninguno de los dos únicos ministros de Economía que ha tenido Zapatero, Pedro Solbes y Elena Salgado, son precisamente de esa generación, sino más bien de la de Alfredo, como también quienes han sido sus dos únicos portavoces, María Teresa Fernández de la Vega y el propio Rubalcaba.

Una política inteligente y cooperativa entre el líder que se va y el que viene debería llevar a intentar agotar la legislatura, pero no de cualquier modo ni para cualquier cosa, sino como una oportunidad para tender puentes hacia la recuperación del crédito electoral del PSOE, coordinando las grandes apuestas electorales de Rubalcaba con medidas concretas del Gobierno que desbrocen el camino y proporcionen un mínimo de certeza en que, realmente, se está en un tiempo nuevo de la crisis, que permite ya una mejor redistribución de sus costes. Sólo así, prolongar la agonía del Gobierno contribuiría a superar el divorcio del PSOE con su electorado natural y el de los ciudadanos con los políticos en general.

Rebeldía y memoria

El discurso de ayer del candidato, que puso en el frontispicio de su proyecto el reconocimiento del malestar social que cristalizó en el Movimiento M-15, minusvalorado por la dirección socialista durante la campaña del 22 de mayo, confirma que canalizar institucionalmente esa rebeldía es una de las prioridades de Rubalcaba para atajar la sangría electoral del PSOE.

“¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia”, explicaba Albert Camus (El hombre rebelde, Alianza Editorial). Ahí reside la oportunidad de Rubalcaba, en dar motivos para no renunciar a votar PSOE.

La tendencia en la Unión Europea no sólo es de fuerte retroceso de la socialdemocracia, como pone de relieve el dato de que ya sólo cinco de sus 27 estados tienen un jefe de Gobierno progresista –España, Grecia, Eslovenia, Chipre y Austria–. La tendencia es hacia un severo recorte de la hegemonía bipartidista de los dos partidos tradicionales, con un fuerte auge de ecologistas y populistas –de izquierda y derecha–.

Añadía Camus: “El pensamiento en rebeldía no puede prescindir de la memoria: es una tensión perpetua”. Enhebrar rebeldía y memoria es un reto propio de alquimistas, pero no en vano la alquimia fue precursora de la química, disciplina en la que Alfredo Pérez Rubalcaba se doctoró con premio extraordinario. Este es el margen de crédito del candidato del PSOE ante el duelo entre vicepresidentes que ya está en cartel.

La calle, más

MARUJA TORRES - EL PAÍS - 07/07/2011

Quisiera que Alfredo Pérez Rubalcaba fuera presidente del Gobierno y hasta que se convirtiera en secretario general del PSOE, pero a condición de que antes hubiera sentado las bases para regenerar un partido que lleva demasiado tiempo viviendo en Eurodisney, por llamar de alguna forma esa irrealidad en la que flotan, sin dejar de recibir sopapos por parte del electorado y de la calle, que a lo mejor son lo mismo.

Digo Rubalcaba porque me siguen gustando los viejos roqueros -siempre que no trinquen en la SGAE- y porque espero de su sentido práctico que se dé cuenta de golpe, y para siempre, de que mucha gente, en este país, está deseando que haya decencia en donde solo se encuentra oportunismo, y de que se produzca justicia en donde solo disponemos de aquelarres.

Contribuyendo a devolver a la socialdemocracia al lugar que no debería haber abandonado, el partido aún gobernante dejaría de cometer absurdos atropellos como el del pasado martes, que hay que achacarle al ministro del Interior, en su calidad de responsable de mandar los guardias al barrio de Lavapiés, para detener a una persona que había pretendido usar el metro sin pagar billete. Qué vergüenza, madre.

De una vez por todas, quien desee tener futuro en la política nacional, sea en el todo o en las comunidades autónomas, debe entender -y rapidito, por favor-, que quienes deseamos un futuro mejor no estamos para perder el tiempo con las componendas de siempre.

Los vecinos de Lavapiés, extendiendo las acciones de su Indignación (así, con mayúscula: bien claro) a los derechos fundamentales del ser humano, no solo echaron a la policía de su barrio, digna y pacíficamente. Demostraron que sí, se puede. Se puede mejorar esta mierda de sistema que les ha caído encima. Y desde abajo.

Ojo al parche, oh Alfredo.

jueves, 7 de julio de 2011

El moment polític a Catalunya i Espanya

La setmana passada va ser intensa en activitat política. He destacat alguns articles d'opinió que des del meu punt de vista són molt interessants i ens ajuden a entendre millor la realitat del moment polític a Catalunya i Espanya.


El 'dolor' del president Mas

Mientras el país se consume en la crisis, CiU y PSC estamos enzarzados en una disputa infantil | El PSC está dispuesto a iniciar conversaciones con CiU sobre nueve ámbitos; es un ofrecimiento sincero

Joaquim Nadal - Presidente del grupo parlamentario del PSC. LA VARGUARDIA -28/06/2011 
    
El pasado 18 de junio leí unas declaraciones del presidente de la Generalitat, Artur Mas, que me dejaron estupefacto. El teletipo titulaba literalmente “Mas revela, ‘dolido’, que Montilla rechazó su mano tendida por partidismo”. Unos días más tarde, el 21 de junio, el ex president Jordi Pujol remachaba el clavo y explicaba que no le entusiasmaba el apoyo del PPC a los presupuestos, pero que aun así se tenían que aprobar. La culminación orquestada de este crescendo imparable se produjo el día 23 de junio, en Catalunya Ràdio, cuando el president Mas medio avanzaba la amenaza de unas elecciones anticipadas en el caso de que no se aprobasen los presupuestos.

Me sorprende el sentido de la revelación dolorosa, porque la verdad revelada está reservada a circunstancias muy excepcionales y este no es el caso. Yo asistí a la reunión entre los presidentes Mas y Montilla. Puedo revelar que no hubo mano tendida. Tampoco hubo ninguna propuesta de pacto del tipo presupuestos por alcaldías. La reunión, pues, tal como yo la vi y la viví, no fue una negociación. Fue sólo una apelación a la responsabilidad de los socialistas para los presupuestos del 2011 y el 2012. Una especie de cheque en blanco para sufragar responsabilidades históricas. Modestamente, recordamos que hacía meses que habíamos adelantado una propuesta. CiU renunciaba a la supresión del impuesto de sucesiones en los presupuestos del 2011 y el PSC se abstenía en las votaciones de las enmiendas a la totalidad y CiU y PSC, como dos grupos maduros y responsables, se ponían a negociar el sentido, la intensidad y la prioridad de los recortes sobre la base de que el año de los máximos recortes no era compatible con darle un tijeretazo a los ingresos. Nada que hacer. Ni un movimiento. El president Mas quizás calculaba que el PSC se habría ablandado después de los resultados del 22 de mayo y firmaría, por responsabilidad, una simple adhesión a los presupuestos. Una puesta en escena calculada y preparada para acabar declarando culpables a los socialistas por el pacto presupuestario con el PP.

Era la culminación de toda una etapa de calentamiento del ambiente y de dramatización de las cuentas para hacer culpable al PSC de todos los males del país. En estos términos y en estas circunstancias, el entendimiento era prácticamente imposible. El alcance de los pactos entre CiU y el PPC creo que habla por sí mismo.

Es verdad que, llegados a este punto, mientras el país se consume en una crisis sin precedentes, convergentes y socialistas estamos enzarzados en una disputa de principios infantil. ¡Fuiste tú! ¡No, fuiste tú! ¡Tú, primero! ¡No, tú antes! ¡Es culpa tuya! ¡No, tuya! ¡Eres tú el que recortas! ¡Eres tú quien nos has endeudado! ¡Tú también lo habías hecho antes!

El president Mas está dolido y los socialistas también, y el ex president Montilla más que nadie. Simplemente, porque todo da a entender que el ejercicio de responsabilidad de facilitar la investidura fue un ejercicio del todo inútil. Y parece claro que desde aquel momento sólo se ha tratado de despreciar al PSC como responsable de todo, como “verdugo” de los presupuestos, como principales y primeros “irresponsables”, en palabras del portavoz del Gobierno. Si por algún motivo impensable el PP dejara caer los presupuestos, que ya ha pactado generosamente y cobrado, en este caso sí, con peso institucional, los socialistas seríamos los responsables de unas elecciones anticipadas.

Pero como no se trata de eso; como nadie quiere que los representantes de los partidos nos obstaculicemos en una disputa de criaturas consentidas; como nadie piensa en una caza de brujas; como todo el mundo esperaría gestos de grandeza política, de generosidad recíproca, de diálogo franco; como los ciudadanos esperan actitudes de acuerdo con la gravedad de las circunstancias; vaya de antemano un ofrecimiento sincero del PSC para colaborar constructivamente a crear un clima de confianza y contribuir a favorecer con espíritu de colaboración una salida a la crisis.

No hay ningún cálculo en este ofrecimiento. Ninguna contrapartida. El PSC está dispuesto a iniciar negociaciones con CiU y eventualmente acordar: 1. Una reforma de las leyes de la CCMA y del CAC. 2. Una nueva ley electoral para Catalunya que acabe con la anomalía catalana y dejar de ser así la única comunidad autónoma que, al no tener ley electoral propia, se tiene que regir por la legislación general. 3. Asegurar el modelo educativo pactado entre los dos partidos en la anterior legislatura, preservando el carácter de servicio público y garantizando su aplicación. 4. Mantener el modelo de integración lingüística y su aplicación en el modelo educativo en los términos acordados desde siempre por la mayoría de las fuerzas catalanas y desplegados con acuerdos entre los dos partidos en 1998. 5. La clarificación y aplicación compartida, exigente y sólida, del pacto para la inmigración, y la aplicación de los principios de igualdad de derechos y deberes en el marco de las oportunidades reales y legales del mercado de trabajo. 6. La simplificación de los trámites administrativos para facilitar la actividad productiva, la creación de riqueza, el fomento de la inversión y la creación de empleo. Por eso hemos ofrecido negociar, por separado y sin dilaciones, cuatro leyes diferentes que se desprenderían de la ley ómnibus. 7. Despliegue acordado de políticas activas de empleo y de formación ocupacional. 8. Políticas de ahorro y racionalización en los servicios de salud, preservando su condición de servicio público. 9. Políticas compartidas en materia de investigación e innovación.

Este es un ofrecimiento sincero. Un ofrecimiento concreto y posible. Sólo hace falta sentarnos en la mesa de la negociación y estar dispuestos a trabajar.

¿Verdad que no es difícil entender que incluso con este ofrecimiento el PSC quiera mantener simultáneamente una voluntad de acuerdo y un tono de oposición exigente y contundente en todos aquellos temas de fondo ideológico o de confrontación de modelos?

Pues he ahí la verdadera historia y la propuesta desde el punto de vista de los socialistas catalanes. Quizás en estas palabras está la medicina para los dolores que nos revelaba hace unos días el president Mas. Todavía no tenemos claro que esta sea, sin embargo, una medicina que él esté dispuesto a tomar. Incluso es posible que su orgullo no lo permita. Por nuestra parte, estamos dispuestos a tragarnos nuestra parte de orgullo. También lo tenemos.

El país espera, la calle también. ¿Responderá el Parlament y responderemos los partidos a este llamamiento? He ahí una propuesta concreta.

La bandera en el bolsillo

La independencia motivada por el bolsillo, y no por la bandera, es síntoma de madurez colectiva

Pilar Rahola - LA VARGUARDIA - 01/07/2011

El 43% de los catalanes votaría a favor de la independencia Lo más interesante de los resultados de la encuesta sobre la independencia de Catalunya no radica en el 40% que, preguntado en frío, votaría a favor. Aunque la cifra es considerable, todavía es más significativo por qué motivo querrían ser independientes. ¿Por la patria emocional? ¿Por la lengua? ¿Por el entramado de esencias que conforman el carácter simbólico de una nación? No. La mayoría de los catalanes que votarían sí lo haría por cuestiones económicas, convencidos de que la situación de dependencia con España resulta demoledora para nuestros intereses. Es decir, no lo harían por la bandera, sino por el bolsillo. Esta desgarradora conclusión puede ser analizada desde dos perspectivas confrontadas, la crítica –no en vano da la impresión que las emociones no son el motor de los pueblos– y la que lo considera una noticia positiva. Me incluyo en la segunda opinión por diversas razones, pero la fundamental es la convicción de que esta respuesta es un síntoma de madurez colectiva. Es decir, por mucho que un pueblo ame su lengua milenaria o se emocione con los símbolos que configuran su identidad colectiva, las grandes decisiones históricas no hay que tomarlas nunca motivados por las esencias, sino golpeados por las realidades tangibles que sacuden a los ciudadanos.

Obviamente, el primer motivo para la independencia de un país tiene que ver con la libertad, y así ha sido a lo largo de la convulsa historia de las naciones que han luchado por sobrevivir. Es la metáfora de lord Byron muriendo por la independencia griega. Pero cuando se vive en democracia y los agravios nacionales no se producen por la fuerza de la tiranía, sino por la inapelable fuerza de las urnas, entonces las razones nacionales se tienen que cargar de razones más terrenales. Y el bolsillo es la fundamental. Pongo ejemplos. Los ciudadanos del cantón alemán de Suiza son muy alemanes. Tanto que el simple paso de un pueblo de lengua francesa a uno de lengua teutona parece el cruce de una frontera simbólica que traspasa culturas. Pero Suiza les va bien, tanto porque ha sabido sumar identidades sin diluirlas como porque garantiza el equilibrio económico. Catalunya, en cambio, sufre de las dos heridas: España no garantiza la consolidación lingüística catalana –sino al contrario, trabaja para erosionarla– y tiene una relación vampírica con nuestros recursos. Es decir, es un Estado que nos va a la contra.

Pero en una sociedad de orígenes múltiples es difícil que las cuestiones esenciales aglutinen las voluntades mayoritarias, y en cambio las pueden aglutinar las cuestiones económicas. Al fin y al cabo, vengamos de donde vengamos, todos sufrimos el mismo expolio que empobrece nuestra realidad colectiva. Y este es un idioma que entiende todo el mundo, incluso cuando no habla el idioma propio. De la bandera en el bolsillo. Pues sí, y son buenas noticias.

Retorno a la astucia

Al catalanismo le costará sangre, sudor y lágrimas defender lo recuperado en 30 años

Antoni Puigverd - LA VARGUARDIA - 01/07/2011

Habrá que esperar a la victoria del PP en las generales para que tertulianos y políticos catalanes tomen conciencia de la magnitud del terremoto que ha puesto patas arriba un escenario estabilizado a partir de 1980 en torno al eje de tensión pujolismo-antipujolismo? Pasados 30 años, tres fenómenos coincidentes pueden estar gestando la tormenta perfecta. Una tormenta que pondrá en riesgo el catalanismo que comparten CiU y los tres partidos de izquierda. El primero de estos fenómenos es la crisis, que con su rastro de sufrimiento, irritación y malestar, afecta al electorado natural de la izquierda, pero también socava al Govern de Mas, que, recortando, desprotege y ofende. El segundo es la pérdida de legitimidad de la política. Todas las instituciones están siendo cuestionadas, pero especialmente las que no están completamente arraigadas. La clásica abstención en las elecciones catalanas adquiere ahora sentido: las instituciones que no representan a todos están en grave peligro (no puede extrañar que el bloqueo y acoso al Parlament hayan sido tan ampliamente excusados en la propia Catalunya). Tercero: el hundimiento del PSC ha dejado un vacío que el PP ocupa con desparpajo.

Estos tres factores (crisis, deslegitimación del sistema, vasos comunicantes PSC-PP) sitúan el catalanismo ante una encrucijada. Insisten muchos en la tonta pelea de gallos del pasado (pujolismo-antipujolismo). Sueñan otros muchos con las sirénicas encuestas (¡sube el independentismo!). Todo parece indicar, sin embargo, que la gran manifestación del año pasado contra la sentencia del TC fue el canto del cisne de una época. El independentismo puede agarrarse a un clavo ardiente: que el euro y Europa se vayan al garete. Tan enorme convulsión daría credibilidad a cualquier salida. Pero en un escenario de mínima estabilidad continental, con un PP avanzando en el interior de Catalunya e imperando en España, el catalanismo entra en fase defensiva: evitar la división interna catalana; defender las conquistas institucionales y lingüísticas. Al catalanismo, le costará sangre, sudor y lágrimas defender lo que en 30 años ha recuperado. Pero el principal peligro al que se enfrenta no es la aparición estelar del PP. El principal peligro es convertir el catalanismo en un erizo.

El poeta Arquíloco escribió un verso enigmático: "El zorro conoce muchas cosas, pero el erizo sólo una gran cosa". Y en un célebre ensayo, Isaiah Berlin lo interpretó. Existen dos tipos de personas: las que se cierran, protegiéndose detrás de fuertes púas, como el erizo; y las que se abren, confiando como el zorro en la astucia. No es cerrándose a cal y canto como el catalanismo sobrevivirá (la historia, montada en automóvil, puede aplastarle), sino recuperando la astucia perdida en la aventura del Estatut. El más pegado a la realidad de nuestros escritores, Josep Pla, lo dejó escrito. No existen más que dos maneras de mantener la libertad: o la fuerza, o la astucia. Cuando las fuerzas fallan, queda la astucia.

- L'últim debat de l'estat espanyol protagonitzat per Zapatero:

Una despedida frustrada

JOSEP RAMONEDA - EL PAÍS - 30/06/2011

El objetivo de Zapatero en el debate del estado de la nación era salvar su balance y dar sensación de normalidad en el ejercicio de sus funciones. El objetivo de Rajoy era consolidar el clima de fin de ciclo que ya está instalado en la sociedad, pidiendo elecciones por enésima vez.

La tarea de Rajoy era relativamente fácil. Que la legislatura está agotada es de dominio público; por tanto, su ejercicio era redundante. A base de apostar por lo evidente, que la crisis ha quemado al Gobierno, Mariano Rajoy se consolida como aspirante a presidente por defecto. La ciudadanía ve que las cosas no funcionan y, en estos casos, la democracia, a diferencia de los demás regímenes políticos, ofrece la opción del cambio sin trauma. Por pura higiene democrática, Rajoy debería hacer algún esfuerzo para merecerlo.

La tarea de Zapatero era misión imposible. Las cosas son lo que son y la percepción de ellas que se ha instalado en la sociedad. Seguro que es cierto que las desregulaciones propiciadas en los años del aznarismo, y su apuesta por el poder financiero -para hacer de Madrid capital global del espacio iberoamericano- y por la construcción, debilitaron el sistema, que fue devorado por la crisis. Pero ocurrió hace tiempo y ni siquiera a los que se dejaron engañar entonces y ahora no pueden pagar la hipoteca, se les ha ocurrido que fueran aquellas políticas las causas de sus desgracias. Las cosas les van mal ahora. Y ahora mandan los socialistas. Seguro también que las bases de protección social y de ayudas varias que los Gobiernos de Zapatero han creado son útiles para atemperar los golpes de la crisis, pero la realidad del malestar es demasiado fuerte para que la gente perciba el valor de estos mecanismos. Por tanto, el discurso de Zapatero, revaluando su herencia, solo podía quedar a beneficio de inventario. Para hacer pedagogía eficiente se necesita cierta autoridad. Y Zapatero, en este momento, no la tiene.

El resultado de este cruce de objetivos fue desolador. Creo que hay una enorme confusión en la clase política respecto a la salud de nuestra democracia. Toman el hecho de que la gente vaya a votar como un salvoconducto a la impunidad y están muy equivocados. Primero, hay mucha gente que no va votar (bastante más del 40% en las últimas municipales); segundo, la gente que va a votar lo hace, muy a menudo, por un gesto de civismo y por el mal menor, pero sin que en su papeleta conste un aval incondicional a la clase política, ni mucho menos. Cuidado, por tanto, en confundir voto con bula. Y en creer que la democracia solo concierne a la ciudadanía una vez cada cuatro años.

Zapatero perdió la ocasión de buscar la empatía con los ciudadanos. Ahora ya no se espera nada de él. De modo que la única forma de conectar con la gente era volver, por un momento, al terreno de lo sensible: transmitir en su discurso lo que transmite su rostro actualmente, una profunda tristeza (¿alguien se acuerda de su famosa sonrisa?), una sensación de amargura porque todo haya salido tan mal. Creo que Zapatero no es un cínico, y, en cambio, no ha sabido transmitirlo porque está demasiado parapetado detrás de una piel de elefante que le ha alejado de la realidad. Sus éxitos en la modernización de España en materia de costumbres y libertades y en la derrota de ETA son indudables. Pero ha resultado que, a la hora de la verdad, solo ha contado la economía. Y no supo corregir la herencia que ahora critica. Él también se dejó llevar por la quimera del oro. Su figura ya está descompuesta a ojos de los ciudadanos. Y él se empeña en aguantar el tipo hasta el final.

Rajoy a piñón fijo: elecciones. ¿Cuántas veces ha pedido este hombre elecciones en su vida? Sin duda, es más fácil pedir elecciones que decir para qué. Pero Rajoy sabe que hay una pulsión de cambio a lo que sea. Y con eso le basta. Sin embargo, con su empeño en poner el acento en las elecciones y no en los objetivos, da más argumentos a los que piensan que los políticos no tienen otro objetivo que conquistar el poder y que el interés general les tiene sin cuidado. A mí, francamente, me cuesta mucho entender que los electores no penalicen a un partido que solo ha jugado a cuanto peor mejor. Pero también me costaba entender que votaran listas electorales cargadas de imputados en casos de corrupción y, sin embargo, ganó Camps.

¿Cuál es el programa de Mariano Rajoy?

Martí Saballs  - Subdirector de Expansión en Barcelona - 28/06/2011

El estado de España está peor hoy que ayer. Fue muy triste el espectáculo ofrecido por el futuro expresidente del Gobierno y el potencial futuro presidente.  Zapatero ganó el debate simplemente porque el opositor no ofreció alternativa. Y esto, es muy mala noticia. Lo ganó porque Rajoy no estuvo a la altura de quien muchos consideramos que será el futuro director general de España S.A.

Ayer, realmente, pensé que los indignados sobre el estado de la política en este país tienen razón. Hubo un momento en que me dieron ganas de salir en globo de Paseo de Gracia mientras pasaban por la calle los manifestantes de la filial de la empresa francesa Alstom, que amenaza cerrar su fábrica. A estas horas, las redes sociales ya iban llenas comentando el último escándalo nacional: la línea de AVE Toledo-Albacete se cierra porque llevaba nueve pasajeros diarios y pierde 18.000 euros al día. Otro pecado más de nuevo rico. Como tantos otros que hemos vivido a nivel municipal, autonómico y estatal.

Hay veces en que perdonar la vida es positivo. Mariano Rajoy pudo hacerlo ayer. Pudo mirar al futuro y siguió mirando el pasado. Ayer no tocaba mirar todo el rato por el retrovisor. Rajoy preguntó veinte veces por qué. Ya no queremos saber por qué ocurrió esto, sino qué hara usted. Un Zapatero amortizado, de salida, ganó sorprendentemente una batalla dialéctica en la que empezaba perdiendo por goleada.

Rajoy, en vez de recriminar a Zapatero la herencia que va a dejar y pedir elecciones anticipadas -justificadísimas-, tenía que haber ofrecido una propuesta de gobierno. No era necesario entrar en detalle, ir línea a línea, o hablar de Basilea III, como le pidió Zapatero. Para eso, estará la campaña electoral. Tenía la oportunidad de presentar ante los españoles las líneas básicas de su futura dirección. No lo hizo.

Sigue sorprendiendo que el discurso de más nivel de Estado, con mayores propuestas de futuro sobre reformas laborales, financieras, fiscales o de desarrollo empresarial, las realizara ayer Josep Antoni Duran Lleida, un nacionalista catalán. Precisamente fue CiU que, con su abstención, permitió hace algo más de un año que el Congreso aprobara las reformas light que la Unión Europea pedía a una España sobre quien ya pendía la guadaña de los mercados financieros. Permitió que respiráramos tranquilos unos cuantos meses más.

Quiero entender por qué Rajoy no dice qué hará si gana el PP las próximas elecciones. Sus propuestas serían realistas y crudas y, quizás, no le interesa decir la verdad. Es un error. Rajoy no puede engañar al electorado, hacer de griego conservador, y ofrecer  un discurso social, como si aquí no pasara nada. Artur Mas, meses antes de las elecciones catalanas, ya avisaba de que no vendrían tiempos fáciles.  España necesitará coger las tijeras, recortar el presupuesto estatal y pedir a las autonomías, diputaciones, comarcas  y los municipios que hagan lo propio. Hay que limpiar el patio.

Rajoy debe decir, y supongo que ayer evitó decir lo que piensa, que los excesos de siete años de socialismo zapaterista obligarán a instalar un copago sanitario progresivo según ingresos, a aumentar las tasas universitarias -sobre todo a repetidores-, a reducir las inversiones en infraestructuras que no sean rentables, a seguir reformando el mercado laboral copiando las mejores prácticas europeas, a reformar el sistema administrativo, a privatizar lo privatizable y a generar un sistema fiscal más justo que apueste por la creación de empleo. Rajoy debe decir y aceptar que su próximo gobierno deberá soportar huelgas y manifestaciones, que España debe pasar por un purgatorio antes de poder volver a recuperar lo perdido.

Zapatero pasará a la historia de España por no haber actuado rápido para enfrentarse a la crisis, que negó mientras ya estaba encima nuestro. Rajoy no puede caer en un error similar. No puede esconder un día más su plan de Gobierno a los españoles. En estos momentos, España necesita líderes políticos que no pretendan engañarnos más, que digan la verdad y que nos ofrezcan una guía para poder salir de un atasco que podemos arreglar sólo desde el realismo y el pragmatismo. Trabajando más y gestionando los recursos escasos. Sólo así podremos estar mejor a medio plazo.

- El relleu en l'alcaldia de Barcelona:

Volveremos

JORDI HEREU - EL PAÍS - 01/07/2011

En el momento de dejar de ser alcalde de Barcelona y de poner fin a 32 años de gobernación progresista de la ciudad quiero afirmar con convicción pero sin la menor petulancia que volveremos. Desde hoy mismo me empeño con mis compañeros en crear las condiciones para que Barcelona vuelva a tener un gobierno progresista en el año 2015. Soy consciente de que conseguir recuperar la confianza de una mayoría ciudadana en el socialismo municipal será una tarea ardua y compleja, que requerirá de voluntad y acierto en la realización de los deberes que nos han impuesto los ciudadanos con su voto.

Requiere en primer lugar asumir con humildad y respeto el veredicto de las urnas y aceptar el papel de oposición que nos ha sido asignado. Con el deseo de seguir sirviendo a la ciudad mediante el ejercicio del papel de oposición al nuevo gobierno municipal. Un desempeño que quiero que sea útil para la ciudad. Nunca hasta hoy se ha ejercido la oposición por quienes contamos con una larga experiencia de gobierno y de conocimiento de la ciudad. Esta circunstancia añade un plus de responsabilidad y de compromiso que nos obliga a actuar en todo momento pensando en la continuidad y la fortaleza de la institución. Es decir, haremos una oposición proactiva, rigurosa, solvente, a pie de calle y con voluntad de servicio. Una oposición guiada por dos orientaciones básicas: colaboración con el gobierno municipal en todo aquello que contribuya a ampliar los horizontes de futuro de la ciudad y vigilancia para impedir la parálisis, la limitación de las aspiraciones o la subordinación de los intereses de Barcelona. Colaboración para contribuir al gran esfuerzo colectivo y solidario necesario para vencer la crisis para sacar el máximo provecho del potencial de Barcelona para la recuperación económica, para convertirla en una capital del talento y la creatividad, para gobernar el cambio de escala que supone el área metropolitana, para ejercer de capital y de motor de Cataluña. Vigilancia para defender los derechos sociales de los barceloneses, para garantizar la libertad, la convivencia, la seguridad y la calidad de nuestro espacio público, para proseguir el proceso de integración de la nueva inmigración y para mantener la solvencia, el rigor, la austeridad y la transparencia de la gestión municipal.

Ahora bien, el ejercicio responsable y riguroso de la oposición no es suficiente para aspirar a merecer de nuevo en el año 2015 la confianza de los barceloneses. Es condición necesaria pero no suficiente. Se precisa algo más. Se precisa proponer a los barceloneses un nuevo horizonte, con nuevas formas de compromiso cívico. Para ello es primordial entender e interpretar el mensaje de una ciudadanía que ha creído conveniente optar por el cambio y la alternativa. Así como el mensaje de los ciudadanos que han expresado un voto de protesta con su abstención, su voto en blanco y su voto nulo. Porque en política tan importante es entender a los que han hablado como a los que han callado. Todo ello supone la determinación de hacer política de otra manera, entendida como servicio, dedicada a promover el interés general, basada en una permanente conversación cívica y en el respeto y reconocimiento del adversario, con unos partidos que sean instrumentos útiles de participación y de gobierno, sin pretender secuestrar la voluntad ciudadana, ni reprimir el libre debate y el libre pensamiento en su interior.

Y por encima de todo me exijo -nos exigimos- reafirmar el compromiso con Barcelona y su gente, la disposición de darlo todo por Barcelona que ha guiado mi trayectoria política desde el primer día.

Compromiso y pasión por Barcelona, sentido institucional, oposición proactiva, reinvención de la alternativa progresista. Sobre estas premisas basaremos nuestra actuación en los próximos cuatro años, convencidos de que contamos con la ilusión y la energía necesarias para ello. Si estamos a la altura de la tarea que nos han impuesto los ciudadanos estoy convencido de que volveremos. Volveremos para levantar una Barcelona grande, fuerte, abierta, cosmopolita, presente y competente en el mundo. Y a la vez, una Barcelona para vivir y convivir, para progresar y compartir. La Barcelona que desde su personalidad singular dará el salto definitivo a la categoría de ciudad global.

- I finalment un sobre el permanent debat en ensenyament públic a Catalunya, especialment rellevant i coincident amb la meva forma de pensar:

Sobre el final de la sisena hora educativa

Joaquim Coll - Historiador. EL PERIÓDICO - Dimecres, 29 de juny del 2011   

Si hi ha un assumpte que encara em desconcerta, és el desdeny amb què els sindicats de mestres, particularment la majoritària USTEC, van tractar l'assumpte de la sisena hora a l'escola pública de primària. La seva introducció va suposar un esforç inversor molt substancial en la contractació de més professorat, i va equiparar el model públic al concertat, i això no és menor en un moment en què les classes mitjanes, davant de certes pors, valoren més la selecció de l'alumnat que la barreja. La mesura es va desqualificar amb arguments pedagògics rousseaunians, sobre la idea que amb cinc hores lectives diàries n'hi ha prou per a l'aprenentatge, i esgrimint certs inconvenients organitzatius, que la realitat va demostrar exagerats. Després de quatre anys els beneficis de la sisena hora ja es començaven a notar, com mostra la millora en aquest curs dels resultats en la prova de sisè de primària en llengües i matemàtiques.

La seva supressió ara, com a criteri general als centres públics, és un pas enrere. Aquells que abans van maltractar la sisena hora des de la rigidesa ideològica, com la portaveu sindical Rosa Cañadell, ara se sumen a les crítiques, però amb la seva actitud anterior no van ajudar a consolidar el que era un avanç per a l'escola pública. Per la seva part, la consellera Irene Rigau, alhora que anuncia les retallades, distreu l'atenció amb debats fantasmes i és hàbil seduint els sindicats; procedeix del sector educatiu i parla el seu mateix llenguatge. A més ho té fàcil: el seu predecessor en el càrrec, Ernest Maragall, va acabar enfadat amb tothom; amb poca habilitat, perquè el tripartit va invertir moltíssim en educació. I és que no vaig entendre mai per què José Montilla el va nomenar conseller quan tenia a mà algú de prestigi com Joan Manuel del Pozo. En honor de Montilla s'ha de dir que ha estat l'únic socialista que ha dimitit com a diputat després de la patacada de les autonòmiques, i en canvi cap dels seus exconsellers al Parlament, començant per Maragall, s'ha donat encara per al·ludit.

miércoles, 22 de junio de 2011

Algunes conseqüències i repercussions del moviment 15-M que fan reflexionar


Avui he llegit de la premsa aquesta afirmació de l’Albert Sáez referent al moviment 15-M: “...que vam ser capaços d'estimar a la democràcia educats en la dictadura i ara sembla que som incapaces d'estimar-la educats en democràcia”. Un bon exemple del que pot suposar també de pervers el moviment al voltant dels indignats i les manifestacions que van començar el 15 de maig i tot el ha anat derivant després. He recollit uns quants articles d’opinió política que parlant del tema de forma clara i coincident amb el que penso i crec: 

La respuesta

JOSEP RAMONEDA - EL PAÍS - 21/06/2011

El movimiento del 15-M ha tenido la virtud de poner a la vista la gran debilidad de la autoridad de la política

En la sociedad de la comunicación, acertar en las dosis de empatía es extraordinariamente difícil. La firmeza se convierte fácilmente en arrogancia, y los esfuerzos de comprensión, en paternalismo. El volumen de la manifestación del pasado domingo en Barcelona ha sido, por lo menos para mí, una sorpresa. Las apariencias apuntaban a las primeras señales de crisis del movimiento del 15-M. La presencia en las concentraciones iba claramente a la baja, después de que la acampada de la plaza de Catalunya se prolongara mucho más de lo razonable. Y la acción contra los diputados del Parlament denotaba una cierta confusión, en una organización que fue desbordada por los violentos. ¿Por qué, entonces, la manifestación de Via Laietana dobló en participación a la de Madrid, donde el movimiento, desde el primer día, parecía tener mucho más empuje?

La respuesta se encuentra en la desaforada reacción, tanto desde la política, como desde gran parte de los medios de comunicación, a los hechos del parque de la Ciutadella. Mucha gente, sin ningún compromiso especial con el movimiento del 15-M, la ha considerado arrogante, excesiva y oportunista. Mucha gente ha sentido que se utilizaba la violencia de unos pocos para intentar descalificarlos a todos, incluso a los que no estaban en el lugar pero habían participado de la movida o habían sentido simpatía por ella. Y esta gente ha reaccionado y ha salido a la calle para dar una advertencia: no se pueden liquidar con tanta ligereza unos movimientos que tienen la dimensión que tienen pero que, en cualquier caso, expresan un alto grado de malestar y de impotencia que está en la calle.

En tiempos difíciles, los dirigentes políticos tienen que ser especialmente exquisitos en el trato con las personas. Detrás de las cifras y las estadísticas hay ciudadanos que lo están pasando mal, que se sienten dejados a su suerte, que no entienden por qué tantas reverencias a los mercados y tan poca atención a los ciudadanos. Y cuando tienen la impresión de que un colectivo ha sido tratado abusivamente, con el único fin de desprestigiarlo, le echan una mano.

No hay duda de que es muy difícil hacer política en la coyuntura actual. La política es cada vez más impotente ante el furor de los mercados. Se ha adueñado del capitalismo un poder financiero y especulativo, sin la estrecha vinculación con la sociedad que tiene la economía productiva, un poder que no pertenece a ninguna parte y está en todas. Y frente a él, el poder político, que sigue siendo local y nacional y que ni siquiera consigue formar estructuras supranacionales de gobernabilidad que sean eficientes, es cada vez más débil. Esta verdad de perogrullo, que no se quiere reconocer porque deja tocada la autoridad de la política, el movimiento del 15-M ha tenido la virtud de ponerla a la vista. Y de evidenciar cómo el poder político se ha ido acomodando a esta situación hasta integrarse plenamente en ella, como ponen en evidencia las fugas de algunos personajes de las áreas de gobierno a algunas de las instituciones económicas más representativas de este nuevo capitalismo. De Rato a Ocaña, los ejemplos son abundantes.

Naturalmente, lo peor que le puede ocurrir al gobernante es que la gente se dé cuenta de que está desnudo. De ahí las apelaciones al discurso económico para justificar las decisiones que se toman como algo inexorable. Y son inexorables porque la política no tiene poder para negarse a ellas, no porque haya ninguna ley natural que las convierta en inevitables. Se trata de ocultar la realidad para que la gente no desespere. Pero ¿en una democracia deliberativa esta actitud es sostenible? Las demandas de transparencia incomodan, porque lo que se está pidiendo es que se diga: hacemos las políticas que hacemos porque no nos dejan hacer otra cosa. De modo que la diferencia entre la derecha y la izquierda está en que unos hacen las políticas a las que están obligados con gusto, porque creen en el modelo de sociedad al que responden, y los otros las hacen por obligación. Lo cual no exculpa a la izquierda, al contrario, le añade el agravante de mala fe. Y si todos hacen lo mismo, aunque por caminos distintos, ¿a quién pueden votar los que creen que hay otras políticas posibles? No es tan disparatado decir que hay un déficit de representación.

En cualquier caso, la manifestación del domingo recuerda a los políticos y a los medios de comunicación que las reacciones impostadas, las dramatizaciones excesivas, acaban volviéndose contra quienes las han promovido.

La dramàtica persecució del que és obvi

Joaquim Coll - Historiador - EL PERIÓDICO - 22 de juny del 2011

En política, és dramàtic no distingir el que és evident. «La dramàtica persecució del que és obvi», en paraules del filòsof Søren Kierkegaard, considerat el pare de l'existencialisme. A Catalunya, la realitat s'amaga vergonyosament, o és negada sense més problemes, massa sovint per part dels que només consideren rellevant el que ens allunya de la resta d'Espanya. Per això el moviment del 15-M ha despertat tants recels entre el nacionalisme i ha rebut grolleres desqualificacions. Primer, perquè va néixer a la madrilenya Puerta del Sol. Segon, perquè ens torna una cosa que semblava superada per l'anunciada fi de la història: la lluita de classes. Tercer, perquè sospitosament la majoria dels indignats parlen en castellà. I, quart, perquè entre les seves reivindicacions no figuren ni el pacte de fiscal, ni la denúncia de l'esbombat espoli, ni l'exigència del dret a decidir. ¿Algú va veure alguna estelada aquest diumenge? Per descomptat que les coses no són blanques o negres, i segur que entre els indignats també hi ha independentistes, sense que això sigui contradictori. La novetat és que fins ara semblava que només hi havia un debat possible, el del sobiranisme.

Amb tot, hi ha qui insisteix a negar que el primer problema de Catalunya sigui la crisi i a proposar-nos la secessió com la gran panacea, sense explicar que tota frontera té un preu, no només sentimental, sinó sobretot econòmic. Mesos enrere em vaig referir al paper crucial que el comerç català juga entre Espanya i Europa, i al mal negoci que alguns ens proposen. Tot i així, sempre he cregut que el suflé sobiranista era bàsicament una trampa per acomplexar la ximpleta esquerra tripartida. Fixem-nos com aquells que des de certes tribunes exaltaven fins al paroxisme la tesi del fracàs de l'encaix de Catalunya, ara calmen les aigües de la desafecció i es mostren complaents amb el pacte CiU-PP. En qualsevol cas, avui el que és dramàtic per sobre de tot és l'anomenada policrisi, expressió que emergeix amb el 15-M, davant del qual les dretes s'uneixen sense manies identitàries, perquè el que és obvi per a alguns sempre és la conquista del poder.

Indignats: definir-se o morir

Anàlisi de JORDI SERRA DEL PINO - Prospectivista. Investigador del Centre de Recerca en Governança del Risc (UAB) - EL PERIÓDICO - Dimarts, 21 de juny del 2011

El moviment del 15-M usa categories polítiques pròpies d'allò que diu combatre

Només amb una identitat més sòlida i coherent podrà ser una verdadera alternativa

Els indignats, deixant l'èxit de les últimes manifestacions a banda, es troben sumits en una contradicció derivada del fet de voler articular-se com una iniciativa radicalment nova però operant segons mecanismes i conceptes del passat; i això els provoca tota mena de disfuncions identitàries i procedimentals. Els indignats, com a moviment, responen als trets d'un fenomen caòtic: absència de lideratge, immediatesa, aprofitament de les xarxes, acció per oposició i rebuig de l'statu quo. Pot assegurar-se que són un moviment del segle XXI, però tot i amb això funcionen amb procediments del segle XIX inventats, precisament, per desenvolupar allò que ara estan criticant: la democràcia representativa. Efectivament, els indignats fan servir categories polítiques -representació, assemblea, deliberació- que són pròpies d'allò que diuen combatre. Malgrat que a primera vista pugui no semblar una qüestió important, sí que ho és; la democràcia representativa se sustenta en la recerca de majories suficients per poder prendre decisions, mentre que els indignats necessiten construir consensos molt més amplis, més integrals. De fet, per a aquest moviment la mera elecció de representants resulta problemàtica ja que va en contra de, per dir-ho d'alguna manera, el seu propi ADN.

Conscientment o inconscientment, els indignats busquen no agreujar aquesta contradicció mitjançant la indefinició i promovent la incorporació de més i més qüestions particulars. El problema de la indefinició és que, si bé els permet obviar la seva incoherència, també els fa vulnerables a grupuscles amb comportament viral. Aquests grups, talment com els virus, s'introdueixen en el moviment i el segresten des de dins, desvirtuant el seu missatge original i abocant-lo a situacions extremes. Verbigràcia el que va passar a Barcelona el dia 15 de juny.

Els indignats, si volen tenir un futur, han de trobar la manera de superar la seva contradicció original i forjar una identitat i un funcionament més d'acord amb el seu ideari. Així, en primer lloc han de delimitar nítidament l'objecte, abast i modus operandi si es vol, han de reforçar les seves fronteres per poder immunitzar-se dels atacs de grups virals. En segon lloc, han de buscar nous mecanismes de funcionament, i, per aconseguir-ho, poden recórrer a allò que els ha fet possibles: la tecnologia. Els indignats podrien fer un ús més audaç de la tecnologia buscant solucions actuals a les necessitats que, al seu dia, van provocar la invenció de la representació com a mecanisme de participació política. Avui dia hi ha solucions tècniques per articular formes diverses, polimòrfiques, fins i tot asimètriques, de participació; maneres més intuïtives de generació de consensos i alternatives a la participació. De fet, ja a Atenes es combinava l'elecció de càrrecs amb la designació mitjançant sortejos aleatoris.

Només a partir d'una identitat més sòlida i coherent el moviment del 15-M es pot articular com una verdadera alternativa al sistema que diu que rebutja. D'una altra manera, els indignats acabaran enquistats, tensionats a causa de l'acció dels grups virals i, en última instància, instal·lats en la marginalitat.

Indignados en zona gris

JOSÉ MARÍA RIDAO - EL PAÍS - 20/06/2011

Las manifestaciones de ayer contra el Pacto del Euro habrían sido un acto de protesta más si no fuera porque los convocantes, la plataforma Democracia Real Ya y otros grupos surgidos tras las elecciones del 22 de mayo, llevan varias semanas monopolizando gran parte del debate público en España. Bajo el eslogan de "no nos representan", legítimo si se refiere a los líderes y partidos políticos, pero inquietante si se dirige a las instituciones, los indignados han ido adoptando causas diversas a medida que pasaban los días, desde el boicot al desahucio judicial de viviendas hasta la acampada ante las puertas del Parlamento de Cataluña en protesta por los recortes presupuestarios que se proponía aprobar el Gobierno de Mas.

Desde que los indignados aparecieron en escena, han sido numerosas las instancias que han intentado explicar el fenómeno, muchas veces proyectando sobre el movimiento un significado que, por lo demás, no resulta fácil extraer de la amalgama de sus reivindicaciones. Ideólogos, sociólogos, politólogos y especialistas en las más variadas disciplinas, además de los dirigentes políticos, han hecho decir a los manifestantes lo que, al parecer, estos no alcanzan a expresar por sí solos. Desde ámbitos conservadores, se ha querido ver en las protestas la estrategia de un ente difuso, la izquierda, que no se encuentra en los partidos ni se expresa abiertamente en los medios de comunicación, sino que forma parte de una especie de red clandestina desde la que se mueven no se sabe qué peones para conseguir cualquier cosa, empezando, según se dice, por el intento de deslegitimar por anticipado unas elecciones generales que con toda probabilidad ganará el Partido Popular.

Frente a estas elucubraciones, lo que ideólogos, sociólogos, politólogos y otros especialistas, además de los dirigentes políticos, no han buscado es describir las protestas con los términos que ofrece el Estado de derecho ni, por tanto, encontrar una respuesta dentro del sistema institucional, donde están previstos los derechos de reunión y manifestación que, a fin de cuentas, ejercen los indignados. A efectos del Estado de derecho y del sistema institucional, es indiferente que muchas de sus reivindicaciones traduzcan un sentimiento general acerca del mal uso que los dirigentes y partidos políticos hacen de las instituciones y que otras, por el contrario, sean inviables. Y es indiferente porque los indignados, como ciudadanos que son, están en su derecho de defender unas y otras dentro de los cauces legales.

Sucede, sin embargo, que la acampada de Sol y otras ciudades acabaron situadas en una zona gris de la legalidad durante la jornada de reflexión antes de las elecciones municipales. No solo a consecuencia de la deliberada desobediencia civil de los manifestantes, sino también de una resolución de la Junta Electoral Central que, ignorando la dificultad de disolver la multitud concentrada, no hubiera podido cumplirse sin provocar una alteración de la jornada electoral más grave que la que pretendía evitar. Hay quienes sostienen que ese riego debería haberse corrido fuera cual fuera su coste. Pero también es posible defender que la Junta, que no es un dispensador automático de resoluciones, debió adoptar otra decisión, fijando los límites necesarios para que la acampada no interfiriese en el desarrollo de las elecciones en lugar de ordenar disolverla. Ambas salidas eran posibles ateniéndose a la ley, como demuestra la existencia de precedentes anteriores, de forma que la opción por una u otra reclamaba una discusión política, no una argumentación académica. Todo esto es ya agua pasada, pero que, por desgracia, sigue moviendo molinos.

Los incidentes en el Parlamento de Cataluña han marcado un punto de inflexión, puesto que un grupo de exaltados acosó a unos diputados en los que tal vez ellos no se sientan representados, pero que, no obstante, representan la voluntad democráticamente expresada de miles de ciudadanos. Los convocantes de la acampada se han desmarcado de los incidentes. Es imposible entender qué gana el Estado de derecho y el sistema institucional desoyendo esa declaración, evitando al mismo tiempo dar explicaciones sobre quiénes eran esos exaltados y prefiriendo, en cambio, convertir el fenómeno de los indignados en una variante de la kale borroka y de la guerrilla urbana. Las especulaciones ideológicas, sociológicas, politológicas o de cualquier otra naturaleza sobre el significado de lo que está ocurriendo en las calles españolas pueden ser útiles en el ámbito del conocimiento; en el de la política democrática, es necesario que, cuanto antes, el fenómeno se describa en los términos del Estado de derecho para decidir una respuesta dentro del sistema institucional, y acabar con la zona gris en la que, unos por otros, todos han acabado por instalarlo.

Las líneas rojas del presidente

J. ERNESTO AYALA-DIP - EL PAÍS - 20/06/2011

Debería entender Mas que lo que hay en la calle no es solo una discrepancia ideológica

El acoso e impedimento al Parlament de los diputados por parte de los indignados no puede justificarse de ninguna de las maneras. Tampoco se puede considerar un acierto del ingenio espontáneo pancartas como "No pasarán" o "El pueblo unido jamás será vencido", porque esos lemas nacieron en circunstancias políticas de trágica memoria histórica y distintos contextos nacionales (la España de la Guerra Civil y el Chile de Pinochet), todos tan diferentes de la democracia plena que se vive en España. Así que se mire por donde se mire, estos hechos debieron evitarse. Algo falló en la heterogénea comunidad de los indignados, en su sistema de protección y autocontrol. Pero por ser reprobables esos hechos, ello no quiere decir que no sean analizables y comprensibles. Se trata de un movimiento sin directrices precisas ni liderazgo identificable. Es una suma social de gente descontenta y desorientada ante la realidad social y laboral a la que se enfrentan. Una suma en la que prevalecen los segmentos más agredidos (remarquemos el adjetivo) en la gravísima crisis económica que les ha tocado de lleno: los jóvenes. Los indignados han cerrado a cal y canto las entradas al Parlament, han acosado a unos representantes políticos que nunca consideraron los suyos propios. En esa honorable y democrática institución que es el Parlament, con esmerado protocolo y juego de acuerdos y desacuerdos se iban a aprobar unos presupuestos tan claramente restrictivos, que era casi imposible que alguien creyera que esos mismos indignados no fueran a reaccionar como lo hicieron. De manera reprobable, claro está, pero tal vez no más que las leyes que los agresivos presupuestos que CiU y Partido Popular sellaron en fraternal coincidencia.

Nuestro presidente, unos minutos más tarde de los reprobables hechos del Parlament, dijo en una alocución institucional que los indignados habían atravesado todas las líneas rojas de la democracia. Lo dijo con esa solemne gravedad que ponen quienes no desperdician la oportunidad que le sirven en bandeja sus adversarios. Me quedé pensando en esa expresión tan socorrida últimamente. Atravesar las líneas rojas. Puesto a hablar de ellas, yo no creo que el conjunto de leyes conocidas como leyes ómnibus, con la cual, entre cosas, se pueden crear empresas sin pasar por el análisis de sus impactos medioambientales, no sea cruzar una línea roja. ¿No es cruzar una línea roja cerrar quirófanos? ¿No es cruzar una línea roja haber mentido a miles de jóvenes prometiéndoles que si se cualificaban y sobrecualificaban tendrían asegurados puestos de trabajos acordes con su sacrificada preparación? Y no creo que no sea cruzar una línea roja haber embaucado a inmigrantes y autóctonos para que se endeudaran hasta las cejas con dinero vendido a precios de saldo. Hay que tener cuidado con las expresiones impactantes porque se te pueden volver en contra. Es evidente que la línea roja que atravesaron los indignados es la del respeto a los representantes de la soberanía popular. Pero Mas debería entender que lo que hay en la calle no es solo una discrepancia ideológica. No se trata solo de matices en la estrategia económica o política. En la calle hay resentimiento. Y sobre todo una inmensa incertidumbre y miedo, no ya a un retórico futuro, sino al presente más inmediato. Hace una década, la mitad de la población mundial sobrevivía con menos de dos euros al día. Se dice pronto. Dijo Mas, y subrayaron los demás diputados del hemiciclo, que sintió pena y tristeza por el trato que recibieron de los indignados. No lo niego. Pero no creo que tal pena y tristeza sean mayores que la que sienten los miles y miles de damnificados por las sofisticadas ingenierías del sistema financiero global. Yo diría que eso también es cruzar una línea roja. Y sería muy ingenuo o pecar de un cronometrado cinismo, creer que eso no nos salpica a todos, a nuestros hijos, vecinos, amigos, a los indignados de la plaza de Catalunya, de la Puerta del Sol y tantas plazas más.