miércoles, 30 de marzo de 2011

Inside job (Los culpables de la crisis)

- Recentment s’ha estrenat al nostre país una molt bona pel·lícula que va ser presentada fa uns mesos al Festival de Canes i guardonada, ara fa poc amb l'Oscar al millor llargmetratge documental. El film a través d'una exhaustiva investigació i de dotzenes d'entrevistes a experts i a protagonistes dels fets, descriu els mecanismes que van portar l'auge de la indústria financera –particularment la nord-americana– i que més endavant, el 2008, van provocar una crisi econòmica sense precedents en els darrers cinquanta anys. També posa al descobert com els principals responsables d'un daltabaix que ha deixat 30 milions d'aturats arreu del món (executius, professors universitaris, polítics, banquers...) no només no han estat castigats, sinó que continuen manant als grans bancs, i a les institucions i a l'administració nord-americana.


Inside job EUA, 108' Direcció: Charles Fergusson. Gènere: Documental. EUA, 2010.
Argument: La crua realitat que s'amaga darrere de la crisi del 2008 als Estats Units, amb la quotidianitat de milions de persones que han perdut el seu lloc de treball.

- Una interessant crònica:

El 'yo acuso' de la crisis financiera

La oscarizada 'Inside job' señala a los culpables de la última debacle económica

BARBARA CELIS - EL PAÍS - 25/03/2011

Sería un milagro que el cine influyera en las decisiones políticas de un país. Pero al menos parece posible que las irregularidades que una película saca a la luz tengan consecuencias en otros ámbitos. Y si el filme encima ha ganado el Oscar, el efecto puede ser aún mayor. Inside job, de Charles Ferguson, mejor documental este año según la Academia de Hollywood, es una didáctica herramienta de denuncia de todas las barbaridades perpetradas por bancos, Gobiernos y ejecutivos financieros cuya irresponsabilidad y avaricia llevaron a la crisis económica de 2008 y cuyas consecuencias aún se sienten en todo el mundo.

La película condensa en dos horas detalles bastante complejos sobre el origen y protagonistas de la crisis. Para cualquier ciudadano informado, la película no descubre nada nuevo, aunque sí encierra una trágica sorpresa: la connivencia del mundo académico con los poderes económicos. Una de las secuencias más sabrosas es una entrevista con Glenn Hubbard, decano de la Columbia University Business School, uno de los mayores defensores de la desregularización de los mercados, quien además trabaja como consultor para múltiples empresas privadas. "Tras la crisis ningún ejecutivo ha ido a la cárcel y eso es patético, aunque precisamente esta semana el Gobierno ha denunciado a tres de los principales responsables de uno de los bancos que se hundieron con la crisis, Washington Mutual, y quizás sea un primer paso. Pero la película sí ha generado cierta polémica en el mundo académico y aunque nadie ha sido despedido, hay varias universidades que están pensando en crear líneas claras que impidan que los académicos incurran en esos flagrantes conflictos de interés. Y lo más interesante es que desde muchas asociaciones de alumnos de escuelas de economía nos han pedido la película y están debatiendo abiertamente la situación". Lo explica Ferguson, que además asegura: "Haciendo este filme he perdido muchos amigos; no importa, porque he ganado muchos otros".

Nuevos códigos

El pasado enero, poco antes de la convención anual de la American Economic Association, la mayor asociación de economistas estadounidenses, el profesor de economía de la Universidad de Harvard Edward Glaeser se preguntaba en las páginas de opinión del diario The New York Times si no sería ya hora de crear un código ético para economistas. En otras profesiones como la medicina o la abogacía, existe. "Inside job plantea preguntas sobre la falta de ética de economistas que opinan sobre decisiones económicas y que esconden su relación con empresas y sus tratos como consultores. Las acusaciones son serias y está claro que la profesión ha sido demasiado laxa en estos conflictos de interés", escribió Glaeser.

Por su parte, la Universidad de Harvard, que tampoco sale precisamente bien parada en la película -el jefe de su departamento de Economía, John Campbell, no ve conflicto de intereses y lo dice tranquilamente en cámara-, está revisando su propio código sobre conflicto de intereses económicos, que abarca todos los departamentos de la universidad.

¿Y el propio cineasta? Teniendo en cuenta que el filme critica los excesos de la especulación financiera, decidimos preguntarle a Ferguson, millonario desde los años noventa, cuando vendió una empresa de tecnología en plena burbuja del punto.com por más de 100 millones de dólares, si invertía en Bolsa. "Sí, claro. No tengo nada en contra de la gente que invierte en Bolsa y yo mismo invierto en empresas de tecnología que creo que hacen las cosas bien". Pero, ¿no alimentan los mercados financieros la especulación, como deja claro su película? "Los mercados no son del todo justos pero si hay regulación y están controlados y las transacciones se hacen legalmente no veo nada malo en ellos".

- Una crítica a la pel·lícula:  

La perpetua historia de la infamia

CARLOS BOYERO - EL PAÍS - 25/03/2011

Lo contado provoca estupor y angustia; el final pone los pelos de punta

Creo recordar que las únicas palabras interesantes en la última ceremonia del Oscar salieron de la afilada boca de Charles Ferguson, creador de Inside job. Citó a los delincuentes de guante blanco que después de haber causado una ruina mundial siguen en la calle y escandalosamente ricos. Se supone que Ferguson se ha propuesto hacer un documental, pero en su intento por ser realista y didáctico le ha salido una extraordinaria película de terror. Yo, al menos, paso progresivo e infinito miedo ante la clase magistral que Ferguson nos ofrece sobre algo tan farragoso como la economía. Este pavoroso y racionalista relato, que debería ser exhibido en todos los colegios para que los niños entendieran las esencias y los mecanismos del fraude y de la rapiña, la naturaleza y la metodología de monstruos pulcros que hunden en la miseria los ahorros, el trabajo, las hipotecas, las ilusiones de millones de personas, tiene prólogo, desarrollo y desenlace.

Comienza en un paraíso llamado Islandia, el país con la renta per cápita más alta de Europa, inacabables prestaciones sociales, autosuficiente en la energía, con generalizada calidad de vida, algo cercano a la utopía. Es el lugar sobre el que se posan los encorbatados vampiros para arrasar lo que parecía inexpugnable. De ahí nos trasladan a Nueva York, al corazón de la bestia, donde banqueros privados y públicos, ejecutivos y políticos que intercambian sus papeles con desvergonzada naturalidad y protegidos por leyes que han decretado ellos, provocan el colapso económico mundial como resultado de haber pasado décadas vendiendo humo, jugando con lo inexistente, especulando en plan hiena, haciéndose inmensamente ricos en los descalabros que provocan y que pagarán los inocentes, acumulando propiedades, aviones privados y yates en grado tan excesivo que les resultará imposible disfrutarlos, acumulando y tapando mierda, estimulados continuamente por ese polvito blanco que les hace sentirse dioses y putas de superlujo que relajan del extenuante trabajo de robar al prójimo. En ese engranaje participan eminentes catedráticos de teoría económica, asesores de la Casa Blanca, mercenarios de cuello almidonado, un aterrador foco de corrupción que cobra cifras mareantes de esos banqueros que se declaran en quiebra. Evidentemente, la mayoría de ellos se niega a ser entrevistado, pero los menos astutos o demasiado arrogantes que se atreven a dar la cara y a ofrecer sus imposibles argumentos quedan retratados como lo que son, gánsteres que se saben impunes por mucho que les interrogue y acorrale esa mosca cojonera llamada Charles Ferguson.

Matt Damon ejerce de narrador en la historia de la infamia. No es casual. Y entiendes las razones de su desencanto ante Obama. Si lo que nos han contado antes te provoca estupor y angustia, el final logra ponerte los pelos de punta. Los villanos no solo han esquivado el castigo, sino que este modélico presidente les ha recolocado para que dirijan la economía de Estados Unidos. Han sido, son y serán los reyes del sistema. Todo está atado y bien atado.

- Un bon article d’opinió:

Un abuso más de las instituciones

PAUL KRUGMAN - EL PAÍS - 20/03/2011

Inclúyanme entre quienes se alegraron de ver que el documental Inside Job ganaba un Oscar. La película nos recuerda que la crisis financiera de 2008, cuyas consecuencias siguen arruinando las vidas de millones de estadounidenses, no se produjo sin más: fue posible gracias al mal comportamiento de los banqueros, los reguladores y, sí, los economistas.

La crisis ha generado toda una nueva serie de abusos, muchos de ellos ilegales, así como inmorales

Lo que la película no señala, sin embargo, es que la crisis ha generado toda una nueva serie de abusos, muchos de ellos ilegales, así como inmorales. Y las principales figuras políticas están, después de mucho tiempo, dando algunas muestras de cierta indignación. Desgraciadamente, esta indignación no se dirige contra los abusos de los bancos, sino hacia quienes tratan de hacer que los bancos respondan de esos abusos.

El detonante inmediato ha sido el pacto propuesto entre los fiscales generales de los Estados y el sector de los servicios hipotecarios. Según el senador Richard Shelby, de Alabama, el pacto es una "estafa". El dinero que se exigiría que los bancos asignasen a la modificación de hipotecas sería una "extorsión", declara The Wall Street Journal. Y los propios banqueros advierten de que cualquier medida contra ellos pondrá en peligro la recuperación económica.

Todo lo cual confirma que los ricos no son como ustedes y como yo: cuando infringen la ley, son los fiscales quienes se ven sometidos a juicio.

Para hacerse una idea de los asuntos de los que estamos hablando aquí, fíjense en la querella presentada por el fiscal general de Nevada contra Bank of America. La querella acusa al banco de atraer a las familias a su programa de modificación de préstamos -supuestamente para ayudarlas a conservar sus casas- con pretextos; de dar información falsa sobre los requisitos del programa (por ejemplo, decirles que tenían que faltar a los pagos de sus hipotecas antes de recibir una modificación); de dar falsas esperanzas a las familias con promesas de acción para luego "enviar avisos de ejecución hipotecaria, programar fechas de subasta y hasta vender las casas de los clientes mientras estos esperaban las decisiones"; y, en general, de utilizar el programa para enriquecerse a costa de esas familias.

Según las acusaciones de la querella, el resultado final fue que "muchos consumidores de Nevada siguieron haciendo pagos hipotecarios que no podían permitirse, apurando sus ahorros, sus fondos de jubilación o los fondos para la educación de sus hijos. Además, debido a las engañosas garantías ofrecidas por Bank of America, los consumidores postergaron la venta a un precio por debajo del mercado y renunciaron a otros intentos de mitigar sus pérdidas. Y esperaron ansiosamente, un mes tras otro, llamando a Bank of America y enviando sus documentos una y otra vez, sin saber si iban a perder sus casas o cuándo iban a perderlas".

Aun así, este tipo de cosas solo les pasan a perdedores que son incapaces de llevar al día sus pagos hipotecarios, ¿no es cierto? Falso. Hace poco, Dana Milbank, el columnista de The Washington Post, escribía acerca de su experiencia: una refinanciación hipotecaria rutinaria con Citibank se convirtió de algún modo en una pesadilla de tipos tergiversados, cobros indebidos por intereses y cuentas bancarias bloqueadas. Y todas las pruebas indican que la experiencia de Milbank no fue algo fuera de lo normal.

Estamos hablando de dos de las tres empresas financieras más grandes de EE UU

Fíjense, por cierto, en que no estamos hablando de las prácticas empresariales de organizaciones poco fiables; estamos hablando de dos de las tres empresas financieras más grandes del país, cada una de las cuales posee unos dos billones de dólares en activos. Pero a los políticos les gustaría hacerles creer que cualquier intento de lograr que estos gigantes bancarios explotadores paguen una pequeña indemnización es una "estafa". La única duda real es si el acuerdo propuesto les impone un castigo demasiado leve.

¿Qué hay del argumento de que presentar cualquier querella contra los bancos pondría en peligro la recuperación? Se pueden decir muchas cosas sobre ese argumento, y ninguna buena. Pero permítanme subrayar dos puntos.

Primero, el acuerdo propuesto solo pide modificaciones de préstamos que generen un "valor actual neto" superior al de la ejecución hipotecaria (es decir, que se ofrezcan tratos que redunden tanto en el interés de los propietarios como en el de los inversores). La escandalosa verdad es que, en muchos casos, los bancos están bloqueando ese tipo de acuerdos mutuamente beneficiosos para, de esa manera, poder seguir sacándoles cuotas a sus clientes. ¿Cómo podría ser malo para la economía el poner fin a este atraco a mano armada?

Segundo, el mayor obstáculo para la recuperación no es la situación financiera de los principales bancos, que fueron rescatados en su día y ahora se aprovechan de la creencia generalizada de que se los volverá a rescatar si algo sale mal. En lugar de eso, es el exceso de endeudamiento familiar sumado a la parálisis del mercado inmobiliario. Conseguir que los bancos pongan en orden las deudas hipotecarias -en vez de dar falsas esperanzas a las familias para sacarles unos cuantos dólares más- no perjudicaría a la economía, sino que la ayudaría.

En los días y semanas que se avecinan veremos a políticos probanqueros denunciar el acuerdo propuesto, afirmando que solo se trata de defender el principio de legalidad. Pero lo que realmente están defendiendo es justo lo contrario: un sistema en el que solo la gente corriente tiene que respetar la ley, mientras que los ricos, y en especial los banqueros, pueden engañar y defraudar sin consecuencias.